El día que la sonrisa del fútbol bajó del cerro: Ronaldinho en Petare [Video]

Artículo de Opinión escrito por: Lcdo Rubén Cova

¿Te imaginas caminar por los callejones de la Zona 6 de José Félix Ribas, escuchar salsa de fondo y, de repente, ver una bandana negra, una sonrisa de oreja a oreja y una elástica que desafía las leyes de la física?


Si el fútbol es religión, Ronaldinho Gaúcho es su dios más alegre. Y si hay un lugar en Caracas donde el fútbol se vive con la pureza de la calle, es en Petare. Juntar a la leyenda del Barcelona con las canchas de asfalto de nuestra capital suena a un sueño febril de PlayStation, pero es el homenaje definitivo al fútbol de barrio.

Aquí te contamos cómo sería el día en que la magia del Joga Bonito inundó Petare.

De las favelas de Porto Alegre a los  cerros de Caracas

Ronaldinho nunca necesitó estadios de 80.000 personas para ser feliz; él nació en el fútbol de salón y en la arena. Por eso, verlo en Petare no se siente ajeno. El lenguaje del potrero es universal.

"En el barrio no hay VAR, no hay contratos millonarios, solo hay ganas de tirar un caño y vacilarse el juego".

Al bajarse del carro, la vibra cambió. No había seguridad que pudiera contener la emoción de los chamos que, con camisas del Barça, del Milan o de la Vinotinto, no podían creer que el tipo que veían en YouTube estaba pisando su misma platabanda.

El "Soso" y la magia en un espacio reducido

Quien ha jugado en Petare sabe que las canchas no son perfectas. Hay baches, las líneas se pintan con tiza y las arquerías a veces son dos piedras o dos bolsos. Pero para "Ronaldinho", eso es volver a casa.

El partido imposible: El "Jogo Bonito" vs. El "Sapeo"

Imagínate el cuadro:

El rival: Los mejores jugadores del torneo nocturno local. Tipos duros, rápidos, que no comen cuento y que juegan "a muerte".


El ambiente: El olor a empanadas, la música a todo volumen de un mototaxista y la gente asomada en las ventanas de las casas colgantes.

Ronaldinho agarró la pelota. Un amague por aquí, una elástica por allá. Los chamos del barrio intentaron marcarlo con la intensidad caribeña que nos caracteriza, pero el brasileño, con sus eternos 46 años (pero el espíritu de un niño), tiró un pase sin mirar que dejó a todos locos. La cancha explotó en gritos. No hubo roces, solo risas. Al final, el fútbol de la calle reconoce a sus iguales.

Más que fútbol, pura inspiración

Lo más brutal de una hipotética visita de Ronaldinho a Petare no son los lujos con el balón, sino el impacto. Ver a un tipo que tocó la gloria eterna, que ganó el Mundial, la Champions y el Balón de Oro, sonriendo y abrazando a los niños del barrio, nos recuerda por qué amamos este deporte.

Para los chamos de Caracas, que juegan descalzos o con los zapatos rotos rompiéndose los dedos contra el cemento, ver a Ronaldinho es la prueba de que el talento y la alegría pueden sacarte de cualquier parte.

El tercer tiempo: Una fría y una empanada

Un partido en Caracas no termina cuando el árbitro pita, termina cuando se comparte. Seguro que después de los penaltis, Ronaldinho terminó sentado en una esquina, intentando entender el acento caraqueño, comiéndose una empanada de cazón y maravillado con la vista de la mina de luces que es Petare de noche.

Ronaldinho y Petare comparten el mismo ADN: la resistencia a través de la alegría. Porque pase lo que pase, en la cancha y en la vida, nunca hay que dejar de sonreír.

¿Y tú? ¿Qué jugada le intentarías hacer a Ronaldinho si te lo consigues en la cancha de tu barrio? ¡Déjanos tu comentario abajo y comparte este artículo con tus panas futboleros!

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