Artículo de opinión por: Lcdo. Rubén Dario Cova
Hay estructuras que no solo sostienen techos, sino que sostienen la identidad de un país. Los "Pasillos cubiertos" de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela (UCV) son justamente eso: un manifiesto arquitectónico donde Carlos Raúl Villanueva logró la utopía de conectar el rigor académico con la fluidez del arte y el pulso de la naturaleza. Sin embargo, el tiempo y el olvido no perdonan la genialidad. Por años, las filtraciones amenazaron con desmoronar estos corredores históricos. Hoy, afortunadamente, la historia es otra gracias a una intervención que merece ser aplaudida no solo por su impacto, sino por su profundo respeto científico y patrimonial.
A través de los recientes reportes de la Comisión Presidencial para la Recuperación de la UCV, hemos sido testigos de un despliegue de ingeniería que va mucho más allá del simple "remoto" o la pintura superficial. Lo que se ha ejecutado en los techos de la Facultad de Ciencias es una verdadera cirugía mayor de preservación.
Bajo la supervisión de expertos como la ingeniera civil Francis Borges, se ha desarrollado un proceso impecable: desde la demolición y escarificación inicial para corregir las pendientes, hasta la aplicación de alta tecnología asfáltica (como el sellado con RC-2 y poliuretano alifático). Este último componente no es un capricho estético; es un escudo de alto desempeño contra los inclementes rayos UV y las lluvias caraqueñas, garantizando que el patrimonio resista el paso de las próximas décadas.
"Durante los trabajos de impermeabilización siempre tratamos de encontrar qué hay debajo... para reportar hallazgos y evitar las modificaciones innecesarias".
Esta frase de la ingeniera Borges resume la ética que ha guiado esta obra. No se trata de modernizar a la fuerza ni de alterar la estética original. Un claro ejemplo de este cuidado fue la intervención de los drenajes y el piso de granito: tras demoler el área afectada para sustituir las tuberías obsoletas por PVC y crear nuevas tanquillas de lluvia, el equipo se dio a la tarea de buscar piezas de granito similares para no romper la armonía visual del suelo original. Eso no es solo construcción; es reverencia histórica.
Esta facultad, nacida formalmente en marzo de 1958 bajo la mirada visionaria del "Rector de rectores", Francisco De Venanzi, comenzó su andar con apenas un centenar de estudiantes en las áreas de Biología, Física, Matemática y Química. Hoy, con las adiciones de Computación y Geoquímica, Ciencias es un pilar científico del país.
Ver que sus pasillos, sus losas encamisadas y sus juntas de dilatación recuperan su dignidad es un recordatorio de lo que somos capaces de lograr cuando la voluntad política y el rigor técnico universitario coinciden en un mismo fin. Cuidar la UCV es cuidar nuestra memoria. La recuperación de los pasillos de Ciencias no es solo una victoria de la infraestructura; es un triunfo del espíritu universitario que se niega a dejar morir su propia historia.

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