La ilusión de modernidad
¿A dónde va el dinero?
La pregunta obvia que ningún funcionario ha respondido con transparencia es: ¿Qué porcentaje de estos ingresos publicitarios se reinvertirá realmente en el mantenimiento crítico del sistema? La experiencia nos ha enseñado a desconfiar de las cuentas claras cuando se trata de servicios públicos.
La metáfora perfecta
Estas pantallas son quizás la metáfora más precisa de la Venezuela actual: la fachada digital sobre la realidad deteriorada. Proyectamos hacia fuera lo que quisiéramos ser, mientras por dentro la estructura se quiebra.
Como publicista, no estoy en contra del progreso tecnológico ni de la publicidad como fuente de ingresos. Pero el orden de las prioridades revela los valores reales. Cuando un paciente llega con una hemorragia interna a urgencias, no le ponen maquillaje: le suturan la herida.
El Metro de Caracas sangra por mil heridas. necesita cirujanos, no maquilladores. necesita inversión seria en su infraestructura básica, no pantallas que distraigan la mirada de lo que realmente importa.
Ojalá me equivoque. Ojalá estos ingresos se traduzcan pronto en más trenes, mejor servicio y dignidad para los usuarios. Pero la historia reciente nos enseña a ser escépticos. Mientras tanto, seguiremos viendo anuncios de lujo en alta definición, mientras nuestros pies pisan plataformas que se desgranan.
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