(Metro de Caracas) ART. Opinión: 2 millones de miradas cautivas. Tu publicidad aquí.

 

                                               Video de las pantallas del metro de Caracas

Mientras la pantalla de 85 pulgadas muestra un anuncio de perfume francés en calidad 4K, a sus pies, una señora esquiva un charco de agua que gotea del techo. Este contraste surrealista define la última paradoja caraqueña: la instalación de modernas pantallas digitales en un sistema de transporte que se desmorona a pedazos.

Hace poco, las autoridades anunciaron con bombo y platillo la "modernización" del Metro con la instalación de pantallas digitales en estaciones estratégicas como Plaza Venezuela y Chacaito. El argumento: generar ingresos publicitarios para mejorar el servicio. La realidad: otro ejercicio de simulación donde lo digital enmascara el colapso de lo físico.

No me malinterpreten. Las pantallas son impresionantes. Tecnología LED de última generación, conectividad 5G, contenido dinámico. Pero en un sistema donde los trenes operativos se cuentan con los dedos de las manos, donde los retrasos superan regularmente la hora y donde el hacinamiento alcanza niveles peligrosos, estas pantallas relucientes parecen más un decorado teatral que una solución real.

La ilusión de modernidad

El discurso oficial insiste en que estos avisos representan "progreso" e "innovación".

 ¿Innovación para quién? Para las marcas que buscan vender sus productos a una audiencia cautiva de dos millones de personas diarias, sí. Para el usuario que sigue esperando 40 minutos un tren en la estación Plaza Venezuela, la innovación sigue siendo esquiva.

¿A dónde va el dinero?

La pregunta obvia que ningún funcionario ha respondido con transparencia es: ¿Qué porcentaje de estos ingresos publicitarios se reinvertirá realmente en el mantenimiento crítico del sistema? La experiencia nos ha enseñado a desconfiar de las cuentas claras cuando se trata de servicios públicos.

La prioridad debió ser siempre la operatividad: más trenes funcionando, mantenimiento preventivo de escaleras eléctricas (que llevan años fuera de servicio), sistemas de ventilación que funcionen, seguridad en estaciones. En cambio, tenemos pantallas que anuncian aire acondicionado a usuarios que sudan en vagones convertidos en saunas.

La metáfora perfecta

Estas pantallas son quizás la metáfora más precisa de la Venezuela actual: la fachada digital sobre la realidad deteriorada. Proyectamos hacia fuera lo que quisiéramos ser, mientras por dentro la estructura se quiebra.

Como publicista, no estoy en contra del progreso tecnológico ni de la publicidad como fuente de ingresos. Pero el orden de las prioridades revela los valores reales. Cuando un paciente llega con una hemorragia interna a urgencias, no le ponen maquillaje: le suturan la herida.

El Metro de Caracas sangra por mil heridas. necesita cirujanos, no maquilladores. necesita inversión seria en su infraestructura básica, no pantallas que distraigan la mirada de lo que realmente importa.

Ojalá me equivoque. Ojalá estos ingresos se traduzcan pronto en más trenes, mejor servicio y dignidad para los usuarios. Pero la historia reciente nos enseña a ser escépticos. Mientras tanto, seguiremos viendo anuncios de lujo en alta definición, mientras nuestros pies pisan plataformas que se desgranan.





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