Por: Jhoana Fuentes
El reciente acuerdo sanitario entre Venezuela e India, firmado en marzo de 2026, ha sido presentado por el gobierno como una solución a la crisis de acceso a medicamentos que padece el país. Con una vigencia de cinco años, el memorando de entendimiento busca facilitar la importación de medicamentos genéricos a bajo costo desde la India, el mayor exportador mundial de este tipo de fármacos. El ministro de Salud, el Dr. Carlos Alvarado, quien asumió el cargo designado por el Ejecutivo Nacional ha destacado que estos productos son de "altísima calidad" y han sido "liberados de patentes", lo que haría sus precios "muy interesantes".
Sin embargo, en un país donde la escasez de medicamentos ha sido crónica —superando el 60% en 2019 y aún afectando a más de 9,3 millones de venezolanos que no pueden costearlos—, la urgencia no puede ser excusa para eludir los controles sanitarios. La necesidad no puede convertirse en un cheque en blanco que comprometa la salud de la población.
El temor no es infundado. Gremios farmacéuticos y voces expertas han advertido en los últimos años sobre la entrada de medicamentos procedentes de India e Irán que carecen del registro sanitario del Instituto Nacional de Higiene (INH). La Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven) denunció que, desde 2020, se eliminó el registro sanitario requerido para la comercialización de este tipo de fármacos, y que muchos medicamentos importados no están pasando por los protocolos de calidad del INH.
El presidente de Fefarven, William Velazco, lo dijo con claridad: sin control de calidad no se puede garantizar la efectividad de las medicinas. No es un detalle menor: un fármaco sin la debida certificación puede ser ineficaz o, peor aún, provocar reacciones adversas graves. La farmacéutica Delia Ortiz confirmó que algunos lotes ingresados sin registro sanitario ya han causado efectos negativos en pacientes, lo que llevó al INH a comenzar a certificar todos los medicamentos provenientes de India antes de su venta.
Es cierto, como ha señalado la Cámara de Industria Farmacéutica (Cifar), que la tecnología farmacéutica india es de alta calidad y que existen laboratorios como Sun Pharmaceutical, Dr. Reddy's o Cipla que cumplen con los estándares de la FDA y la EMA. Pero también es cierto que India ha tomado medidas contra más de 305 farmacéuticas que incumplieron controles de calidad, y entre ellas se encontraban empresas que exportaban a Venezuela. No todos los laboratorios indios son iguales, y la diferencia entre unos y otros puede ser la diferencia entre un tratamiento efectivo y un riesgo para la vida.
El acuerdo firmado incluye el intercambio de información técnica sobre regulación de medicamentos. Esa es la vía correcta. Pero las buenas intenciones escritas en un memorando no bastan si no se traducen en controles rigurosos en la práctica. La Contraloría Sanitaria debe vigilar el almacenamiento y la distribución, y el INH debe certificar la eficacia terapéutica de cada lote que ingrese al país. Ese procedimiento debe aplicarse a todos los medicamentos, vengan de donde vengan.
La población venezolana merece medicamentos accesibles, sí. Pero también merece la certeza de que lo que consume es seguro y efectivo. La salud no es un área para experimentos ni para atajos burocráticos. Si el gobierno quiere realmente resolver la crisis sanitaria, debe hacerlo con transparencia, con control y con la garantía de que cada fármaco que llega a las manos de un paciente ha pasado por el filtro de la ciencia y la regulación. El precio bajo no puede tener como contrapartida un precio más alto aún: el de la salud de las personas.

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