El costo de transitar: entre el aumento de peajes y la promesa del asfalto


Las tarifas van desde 210 bolívares, para vehículos livianos y busetas, 
hasta 3.640 bolívares, para camiones de carga pesada.


Artículo de Opinión por: Lcdo. Rubén Darío Cova

El bolsillo del venezolano amanece con un nuevo golpe, esta vez directo al parabrisas. El anuncio de VenVías sobre el incremento de las tarifas de peajes en todo el territorio nacional —que ahora van desde los 210 bolívares para vehículos livianos hasta los 3.640 bolívares para el transporte de
carga pesada— ha encendido las alarmas, y no precisamente por falta de comprensión macroeconómica, sino por una vieja e inconclusa relación de confianza entre el ciudadano y los servicios públicos.

La justificación oficial es la de siempre, una fórmula que en teoría suena impecable: lo recaudado se destinará al Plan Nacional de Mantenimiento Vial para mejorar autopistas y carreteras. Sobre el papel, la lógica es irreprochable. En cualquier parte del mundo, mantener la infraestructura vial cuesta dinero, y quienes usan las vías son los llamados a cofinanciar su optimización.

Sin embargo, el meollo del asunto no es el cuánto, sino el cuándo y el cómo.

Para el conductor común, y muy especialmente para el transportista de carga que ahora debe desembolsar sumas millonarias por cada eje de su camión, el peaje actual no se siente como una inversión a futuro, sino como una penalización al presente. Salir a las carreteras del país hoy en día es, para muchos, un acto de fe. Huecos sorpresivos que destrozan trenes delanteros, tramos enteros en penumbras y la persistente sensación de inseguridad son el panorama habitual de nuestras principales arterias viales.

Pagar primero para ver las mejoras "después" es un contrato social que el conductor venezolano ya ha firmado demasiadas veces con resultados desalentadores.

"Muchas carreteras están sin luz, con huecos sorpresivos y representan peligro", lamentaba un usuario en televisión abierta. Esa frase resume el sentir nacional: la realidad del asfalto contradice la tarifa del peaje.

Además, este aumento tiene un efecto dominó que no podemos ignorar. El transporte de carga pesada es la columna vertebral del abastecimiento en Venezuela. Cuando el costo de mover un camión de seis ejes sube a 3.640 bolívares por peaje, ese incremento no lo absorbe mágicamente el camionero; se traslada inevitablemente al precio final de la comida, las medicinas y los bienes que llegan a los anaqueles. Al final, el peaje lo pagamos todos, tengamos carro o no.

Si el Ministerio de Transporte Terrestre busca que esta medida sea sostenible y aceptada, la respuesta no está en los comunicados de prensa, sino en las cuadrillas de asfalto. La paciencia ciudadana está tan desgastada como la capa de rodamiento de la Autopista Regional del Centro.

VenVías y el Estado tienen ahora la carga de la prueba. Si las tarifas aumentan hoy, la iluminación, el bacheo y el auxilio vial deben verse mañana. De lo contrario, el peaje seguirá siendo visto no como una herramienta de desarrollo, sino como una alcabala más que cobra por un servicio que no se recibe.

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